Thursday, March 27, 2014

Costos ocultos de un posgrado

¿Empacando para viajes en que no irías? o ¿ver sorteos de lotería donde no puedes comprar un número?

Siempre se ha hablado de los grandes beneficios que obtiene el país cuando un costarricense obtiene un posgrado en el extranjero (sea maestría o doctorado).  Muchos más si este costarricense se dedica a investigar y a formar nuevo recurso humano en el país.  También se ha hablado de los costos materiales de enviar a alguien y que efectivamente vuelva, años después a nuestra universidad.  Lo que nunca se ha hablado es de los otros costos, humanos y materiales que incurre el estudiante y el país.

Cuando un profesional decide alejarse de su patria para estudiar, sabe que es un privilegio, pero más que eso también es un gran sacrificio.  Es un largo camino de estudios, de dos a cinco años (en ocasiones hasta ocho años), de trabajo de investigación y de aprendizaje.  Pero también son años de no percibir un salario, de no poder ahorrar ni realizar planes a largo plazo.  Y hay un costo “invisible” además: usualmente este profesional tiene familiares y dependientes, que deben dejar su vida profesional y familiar de lado para acompañar al estudiante en esta travesía.

En muchas ocasiones (como es nuestra sociedad machista), es la esposa o compañera la sacrificada: ella debe truncar su carrera profesional o sus estudios con tal de que se logre el sueño académico (y profesional) de su cónyuge.  En estos casos (que son muy paralelos a la decisión de tener hijos), el país no pierde solamente un profesional temporalmente (el estudiante de posgrado) para ganar un máster o doctor años despúes, sino que también pierde un profesional (el cónyuge) que el país también valiosamente cultivó por años.  Este profesional probablemente le costará mucho más reencaminarse en su carrera profesional (que lo digan las madres profesionales que tratan de volver a encontrar un empleo luego de ver crecer a sus hijos).

Nosotros, los que estudiamos los posgrados, sí estamos invitados a “comprar un número “ de la lotería de las oportunidades profesionales: viajes al extranjero, cursos, conferencias, mientras que nuestros cónyuges nos alientan y acompañan, pero sin dejar de sentir nostalgia de la vida profesional que pudieron haber tenido.

¿De qué forma se les toma en cuenta en la ecuación del posgrado?  La única forma en que “existen” es en el 25% extra del monto de manutención que se nos brinda, pero fuera de eso, no existen.  Esta complejidad es muy similar a la de tener hijos en una pareja, y la pregunta que como sociedad debemos hacernos es: ¿Cómo podemos encontrar una forma justa de beneficiarnos?  ¿Porqué nuestra sociedad nos obliga a elegir entre familia y carrera?  ¿Cómo podemos pagarles su apoyo, atención, aliento durante tantos años?

Nuestra universidad estar a la vanguardia y encontrar una solución, aspirar a ser el modelo que la sociedad costarricense necesita y no ser un mero reflejo de nuestra sociedad actual.


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